LA TRINCHERA INFINITA: DURA, AUTÉNTICA Y SOBRESALIENTE

LA TRINCHERA INFINITA: DURA, AUTÉNTICA Y SOBRESALIENTE

7 noviembre, 2019 0 Por elescritorcinefilo

Me ha resultado difícil titular esta recomendación porque hay películas que no se pueden resumir en una frase o pocas palabras, al menos algunas de ellas, por todo lo que cuenta, por lo que me ha hecho sentir y por su enorme calidad.

Y mira que no tenía muy claro ir a verla, porque había visto las anteriores películas de los directores (solo Jon Garaño repite en ambas, ya que Arregi codirigió Handia y Goenaga Loreak) y, aunque he de reconocer que son muy buenas películas, no me gustaron, sobre todo porque me aburrieron.

Pero después del éxito cosechado en el Festival de San Sebastián y, sobre todo, porque soy un auténtico “enamorado” de su pareja protagonista, me decidí a ver La trinchera infinita (Jon Garaño, Aitor Arregi, José María Goenaga, 2019), a pesar de que pensaba que su larga duración podría provocar en mí aburrimiento y tedio.

Y más equivocado no podía estar, ya que sus sobresalientes 142 minutos no te permiten respirar ni un segundo, no solo por la dura y claustrofóbica vida de Higinio, sino también por lo duro que fue para Rosa, quien por amor sufrió lo indecible en un periodo no tan lejano, un periodo donde el odio, la represión y la oscuridad son muy bien reflejados en este film que me ha cautivado, de lo mejor que he visto este año.

No pretenden juzgar a nadie, sino que se centran en unos personajes, en los cuáles te adentras, te encierras junto a ellos, sin intentar dar lecciones ni moraleja, solo narrar una historia auténtica y con mucha alma.

¿Por qué verla?

Pues, además de lo anterior, porque su guion es magnífico, resultándome particularmente interesante como divide los distintos periodos del “cautiverio” de Higinio y la portentosa lucha de Rosa con esas definiciones de palabras que usamos y leemos habitualmente, algunas de las cuales hemos “normalizado” y cuyos significados no son tan simples, “viéndolas” de otra manera a través de lo sufrido por estos personajes.

Y ese guion tan bien construido por Luiso Berdejo y José María Goenaga, es transformado en unas imágenes poderosas y en una narración fantástica por su tres directores, donde no solo hay lugar para la dureza y la oscuridad, sino también para las emociones y, especialmente, para el amor, porque a pesar del paso del tiempo, de lo complicado que es psicológicamente soportar esas condiciones, el amor que desprenden sus protagonistas siempre está, sobre todo el de una Rosa que es quien tiene que dar la cara ante un mundo (o parte de él) que quiere acabar con el hombre a quien ama.

Y para dar vida a Higinio y Rosa están unos deslumbrantes Antonio de la Torre y Belén Cuesta, con quienes lloras, sufres y (en alguna ocasión) ríes. No solo te adentras en su hogar, sino también en su alma. Sus interpretaciones son emocionantes y maravillosas, algo que no me sorprende unos actores con un talento innato.

¿Cuándo verla?

Aprovecha para verla en cine porque vale la pena.

Y si pierdes la ocasión de verla en pantalla grande, cualquier momento siempre es bueno para ver una gran película.

Cuando veas el film, te darás cuenta de que el título que he dado a esta “entrada” del blog se queda corto por todo lo que cuenta y por todo lo que transmite al espectador.

Y cualquier calificativo también se queda corto para agradecer al equipo que ha rodado esta excelente película por ofrecernos algo diferente a lo que estamos acostumbrados y, sobre todo, por regalarnos “auténtico” cine, del que deseo que nunca dejemos de acostumbrarnos a ver en pantalla grande.

¡Salud y a disfrutarla!