LA PRINCESA PROMETIDA: UN CUENTO PERFECTO, UN CLÁSICO INOLVIDABLE

LA PRINCESA PROMETIDA: UN CUENTO PERFECTO, UN CLÁSICO INOLVIDABLE

22 agosto, 2019 0 Por elescritorcinefilo

De entre las muchas categorías que se han hecho (y se seguirán haciendo) de películas, hay una en la que coincidimos más gente: Las que se ven una o, máximo, 2 veces y las que nunca nos cansamos de ver.

Entre las primeras nos solemos encontrar, generalmente, dramas muy realistas (por su dureza) o películas con un contenido violento difícil de ver más de una vez, aunque sean obras maestras (yo solo he podido ver una vez la genial Funny Games de Haneke, la original, no el remake americano que él mismo dirigió).

Entre las que no solemos cansarnos de ver podrían citarse muchas, pero hay una que creo que coincidimos la gran mayoría de las personas, un clásico único de una década, los 80, que nos regaló films de universos muy particulares y que aún permanecen en la retina.

Yo creo que no hay nadie que no haya visto más de una vez La princesa prometida (The Princess Bride, Rob Reiner, 1987), esa aventura romántica, de espadachines, gigantes, curanderos, reyes malvados, criaturas extrañas, que hace reír, emociona y te transporta a ese mundo que todos hemos leído en cientos de cuentos y que nadie ha sabido plasmar tan bien en imágenes como su director.

No sé cuántas veces la habrás visto tú, pero yo perdí la cuenta en la número 20… Tras más de treinta años desde su estreno es normal que la haya visto tantas (yo creo que he superado la treintena), sobre todo porque cada vez que la emiten en televisión hay una fuerza que atrae hacia ella y no puedo apartar la mirada de la pantalla… Es mágica.

¿Por qué verla (una vez más)?

Porque no hay nada igual. Nadie ha sabido aunar tantos géneros como este clásico. Además, ¿quién no ha soñado alguna vez con vivir una aventura parecida? Nos hemos criado con cuentos de aventuras y este film no solo ha hecho realidad nuestros sueños, sino que los ha mejorado.

Podría destacar todo de la película, pero uno de sus puntos más fuertes es su magnífica puesta en escena: como el director consigue crear una ambientación tan mágica, con ese tono cómico (o “ligero”) en la mayor parte de sus escenas y esos decorados recordando a los films de la época dorada de Hollywood entremezclados con escenarios naturales. Consigue lo que pocos han logrado: rodar el mejor cine de aventuras clásico de Hollywood en un período en el que se pensaba que no sería posible conseguirlo de nuevo.

Y, por no alargarme más (podría estar escribiendo horas sobre esta joya), porque tiene una serie de secuencias y frases inolvidables: las peleas de espadachines que la inician con la mano izquierda; el desafía de las copas de vino («¿en cuál de ellas está la droga?»); el Pantano de Fuego; «Como desees»; el Foso de la Desesperación; el milagroso Max (impagable Billy Cristal); o «Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir». ¿Quién no ha dicho alguna vez esa frase? 😛

¿Cuándo verla?

Una vez al año, como mínimo. Necesitamos alegrarnos, relajar la mente y viajar a lugares únicos. La princesa prometida te asegura todo eso y más.

Ahora que he hablado (una vez más) y escrito sobre esta maravilla me he dado cuenta de lo bien que me siento al recordarla, aunque la haya visto muy recientemente.

Son de las películas que permanecen en nosotros porque, al menos a mí, me transporta a mi infancia, un período donde hay mucha magia e imaginamos lugares que, mientras crecemos, parecen desaparecer.

Menos mal que hay películas como esta que nos recuerdan el valor de soñar y lo importante que es el cine para hacernos sentir de nuevo niños o, al menos, para sacar de nosotros esa parte de nuestra vida que jamás debe ser enterrada y que debe permanecer siempre en nuestro interior.

Porque tal vez los cuentos de princesas, caballeros, milagreros, reyes, gigantes, etc., no existan… o tal vez sí. Eso depende de lo que cada un@ quiera creer y sentir 😉

¡Salud y buen cine!